Las Seis Libertades Fluviales

Invocadas con frecuencia y ocasionalmente pisoteadas, las Libertades son la columna vertebral ideológica para el ribereño común. Los extraños que quieran liderar a la gente de Los Reinos Fluviales deberán concienciarse rápidamente de las sutilezas de las Libertades Fluviales, aquellos que se burlan en repetidas ocasiones de estos amantes de la libertad se encuentran depuestos por una turba. De hecho, Las Libertades Fluviales encuentran sus interpretaciones más curiosas en las costumbres de los propios ribereños.

Digan lo que digan, yo vivo libre: La libertad de hablar no es lo mismo que la libertad de las consecuencias de hablar de más. Los forasteros, los borrachos, y los tontos son los únicos que invocan esta Libertad en voz alta. Todos los demás la respetan y viven con ella en consecuencia.

Aún así, un señor que desee gobernar largo tiempo es el que permite a sus ciudadanos darle a le lengua.

 

Los Perjuros Mueren: La otra cara de la libertad de expresión en los Reinos Fluviales es la gravedad de romper un juramento. Las mentiras insignificantes son comunes, pero en una tierra en la que el mañana puede traer una banda de mercenarios, los gobernantes deben saber en quién pueden confiar. Algunos juramentos comunes incluyen “Juro por el Sellen”, “Que se lleve a mis hijos Hanspur,” y “Mi libertad es mi vínculo”. Los ribereños que realizan juramentos de esta naturaleza, los cumplen, o mueren en el intento. Esta actitud empapa también las transacciones comerciales, pero, irónicamente, puede hacer las cosas más difíciles, ya que es complicado conseguir que un comerciante ribereño se comprometa completamente a nada.

 

Camina por cualquier carretera, Flota por cualquier río: Esta Libertad, sencillamente, trata de evitar el bloqueo por parte de los Señores en los viajes por tierra y agua, o el cobro de peajes para el paso (a excepción de no ribereños). Por supuesto, cualquier gobernante que no quiere que la gente ande por sus caminos, pueden prohibirlo sin levantar un solo bloque-amenazas, sobornos, la presión política, o la contratación de “bandidos” son igualmente eficaces.

 

La Corte para los Reyes: Enterrada a medio camino en la lista está la Libertad bajo la que subyacen todas: la ley dentro de los Reinos Fluviales es maleable, y los gobernantes de un reino hacen lo que deseen. En sus tierras, se debe obedecer. Si el visitante es un plebeyo o un rey vecino, todos están sujetos a la ley de un señor dentro de su propio territorio, y cualquier persona que desobedece debe estar preparada para el castigo o una declaración de guerra. La principal excepción es la reunión anual del Consejo Proscrito, donde la sala de reuniones es considerada políticamente neutral.

 

La esclavitud es una abominación: Nada es tan seguro en los Reinos Fluviales como la libertad, para los esclavos fugitivos. A diferencia de andorianos, la gente de los ríos no va a dejar sus hogares para liberar esclavos, pero un huido en los Reinos Fluviales no es más un esclavo. Los esclavos escapados son por lo general los más feroces defensores de las Libertades Fluviales, ya que estas normas o leyes son el primer sabor de la libertad en su nueva vida. Incluso los hechiceros son advertidos de que sean prudentes al convocar monstruos en los Reinos Fluviales, para que no se malinterprete su magia.

 

Posees lo que mantengas: A diferencia de muchas otras civilizaciones en Golarion, esta libertad hace una distinción moral entre el robo y el hurto simple. Tomar algo por la fuerza se considera aceptable, aunque de una mala gana digna de elogio. El robo, por el contrario, es castigado por el derecho común. La diferencia está en que se permite a la víctima la capacidad de resistir, la oportunidad de enfrentarse a su asaltante, y para planificar un contraataque si así lo desea. Esto permite una honestidad áspera, permitiendo a los ribereños conocer y confrontar cara a cara a sus enemigos.

Las Seis Libertades Fluviales

Kingmaker Pely